viernes, 2 de octubre de 2009

¿¡Orgullosa de mi ficus!?

Cuando me compré casa en La Serena, el primer regalo que recibí por parte de unas queridas amigas fue un ficus que he cuidado con mucho esmero durante varios años (hoy está en la casa de otras amigas que lo cuidan diligentemente). Después de todo el tiempo transcurrido, yo tenía la idea de que mi ficus era enorme, de hecho mucho más grande y frondoso que otros tantos que he visto por ahí; tal vez un poco desordenado en su crecimiento (como la dueña) pero sanito y fiel (también como la dueña)…



Cuando empecé a recorrer las calles de México, especialmente las de Cuernavaca, me di cuenta que mi hermoso arbustito no tenía comparación con los árboles que adornan las veredas mexicanas.
En realidad México no tendría por qué envidiar a Brasil cuando éstos dicen que tienen todo lo “mais grande do mundo”…

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